El amor que nunca fue.


Desde el lapislázuli de los mediterráneos y egipcios, me di cuenta que lo único que recordaba de mis años de estudiante en la Lic. en Turismo de la UNaM nada tenía que ver con servicios turísticos y TODO CON EL ARTE.


La Historia del Arte y la Arquitectura me atrapó como nada antes pudo hacerlo. Para mí, los mapas e imágenes eran una especie de puerta mágica que me llevaba a lugares increíbles.


Por eso me costaba entender que a otras personas les aburriera (soy nerd lo acepto). Tal vez, porque significaba una vía de escape a esas fantasías ya que la realidad era, en ese entonces, muy triste. Mi papá estaba muy enfermo.



Campanario de Notre Dame en llamas.

Para cuando llegamos al Gótico, él ya se había ido y yo me empapaba en los vitrales de colores de las fotos de la profe Kuna como si ellos fueran portales a otros universos. Imaginando cómo podría sentirse estar dentro de Notre Dame, mirando hacia esos rosetones altísimos con la luz teñida de colores infinitos.



Interior de la Iglesia de Notre Dame, Paris.

En cada detalle, cada pintura, cada rincón, cada pequeña cosa hecha a mano con dedicación y amor estaba la historia de las manos que los hicieron. El legado de los anónimos que fueron parte de la construcción de algo que los convirtió “inmortales” durante más de 800 años. Ellos quienes desafiaron las leyes de la gravedad para tocar el cielo, y lo lograron con mucho esfuerzo (sangre, sudor y lágrimas literalmente).

Los edificios no son solo espacios que contienen cosas.

Muchos años después era licenciada y turista, así por separado. Fui a muchos lados, un poco de mochilera otro poco de gitana. Pero París siempre parecía algo para hacer “más adelante” por inalcanzable (o carísima). Ahora me quedó el sin sabor como de ese amor que no pudo ser.



Exterior de Notre Dame de Paris.

Ayer, Michelle Beltran (una genia creativa y compañera mía en B-school) al enterarse de la noticia escribía estas palabras desde París, y creo que son las más indicadas para cerrar esta nota:


“Aunque profundamente inquietante, para mí, el fuego de #NotreDame no es realmente una tragedia, sino un regalo de amor inmenso para el mundo.

Un regalo para recordarnos nuestra vulnerabilidad latente a pesar de la aparente solidez de una estructura y su antigüedad.

Un regalo para recordarnos que todo tiene un ciclo y es importante darle la bienvenida sin resistencia.”


Todo tiene un ciclo y, en estos tiempos turbulentos de muchos cambios, es importante darle la bienvenida sin resistencia.

Aprovechar las oportunidades, dejarte llevar y disfrutar del proceso es importante para evolucionar y cumplirnos los sueños.


Ahora, me encantaría leerte...


Emprender no es tarea fácil, pero si muy satisfactoria. Contame en los comentarios más abajo:


¿Qué cosas te inspiran a seguir adelante cuando surgen cambios inesperados?

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